Las fotos que roban el alma

De pequeño recuerdo haber escuchado que los aborígenes, en un principio no se dejaban fotografiar porque según ellos la foto les podía robar el alma. Pensé en su momento que era soberana ignorancia, que el no entender las tecnologías del nuevo mundo les jugaba una mala pasada.

La verdad, es que ahora, a la distancia de los años, quizás les encuentre un poco de razón. No de que te robe el alma, me cuesta creer en ello incluso en la existencia de la misma. Desde que mi profesor de ciencias, recordado Manuel Cuturrufo, nos enseñó acerca del método científico y de como cuestionarlo todo, me tomó trabajo comprender la espiritualidad de muchos que se basaban en un sentir común arraigado sólo en la creencia ciega o la fe.

Algunos me pretenden convencer con el tema de los 21 gramos, es decir, que al morir nuestros difuntos disminuyen su masa en 21 gramos y esto es lo que pesaría el alma. Tampoco lo creo, pero algo debe haber, quizás algún tipo de energía o manifestación de esta, el asunto es que siento que de alguna manera cuando inmortalizo a un ser querido en una fotografía, le estoy robando algo, quizás a especie de trueque, ya que esa foto hoy, ya se convierte en casi inmortal, ya los químicos que se usaban para revelarlas no se pueden degenerar con el tiempo, en el mundo digital, las fotos son casi eternas.

No hace mucho, mi mujer me decía que ya había entendido, que ya captaba que para mi no era tan importante tomar fotos por montón de los míos o de mi, y es que el tema no es que sea importante o no, el tema es que quizás le tengo un poco de miedo.

Ya hace muchos años tomé un par de fotografías que me marcaron a hierro caliente, finalizaba febrero y nos reunimos para celebrar a mi vieja, cumplía 60 y era magno evento, entre los invitados no podía faltar el Pato Fernández o como yo le decía, mi padrino pato. Hacía unos meses se le veía mal, decaer cada vez más, en su porfía de no ir a un médico especialista desconocía por completo la verdadera razón de sus males, en su momento lo trataban por una úlcera gástrica que posteriormente descubriríamos no era tal. 

Ya no era el viejo jovial que contaba las mil y un historias, que a pesar de repetir en alguna ocasión, aquello no importaba, ya que su chispa e ingenio daba para mucho y las podías escuchar mil veces riendo a carcajadas en cada una de ellas, era un gran pez. Podíamos ver como se apagaba, más nunca imaginamos que en tan sólo un par de meses nos dejaría para siempre.

Llegó el momento de la sobremesa y por alguna razón, como si advirtiera de alguna manera que sería la última vez que los tres compadres estarían juntos, tal cual fotógrafo de boda, comencé a coordinar las instantáneas. Todos con la festejada, los machos, las mujeres, sin niños, con niños, etc, etc. Una a una fueron quedando plasmadas aquellas fotos para el recuerdo, y quizás con cada una de aquellas fotos les iba quitando parte de su alma, parte de la energía que los mantenía con nosotros.

No pasaron muchos días cuando nos enteramos de la cruda realidad, nos enterábamos que era un cáncer el que se llevaba al viejo pato, y que a pesar que de alguna manera ya lo intuíamos fue brutal, al menos para mi, iba a ser la primera pérdida de alguien quien yo consideraba parte de mi familia.

Quisimos visitarlo, verlo quizás por última vez, sin embargo nos fue imposible, dejó instrucciones precisas de no recibir a nadie, quería que lo recordaran como fue y no como lo dejó la maldita enfermedad. En su momento no lo entendimos, nos dio bronca la decisión, ya con el tiempo la aceptamos y nos pusimos en su lugar.

No recuerdo si fue los últimos días de abril o los primeros de mayo, no suelo recordar fechas que no son de mi agrado, pero partió. Uno de los tres compadres, el Chamelo, en su calidad de practicante (paramédico) fue quien lo vio partir, fue incluso quien lo preparó y vistió para su sepelio.

En compañía de sus dos compadres, uno de ellos mi padre y el otro el Chamelo, partimos a despedirlo, a darle el último adiós. Años más tarde, sus dos compadres también partirían y nuevamente las fotografías serían protagonistas de esta historia particular.

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