Los discos de mi adolescencia... en vinilo.

Hace un poco más de un año que llegó a mis manos un tocadiscos, tornamesa o como le quieran llamar. Fue un tanto sorpresivo, no era algo que esperaba, pero si un secreto anhelo. Quien me lo regaló, sabía el gusto particular que tengo por la música, un gusto que me encasilla en la definición de melomano, si bien es cierto ya contaba con una, esta estaba un tanto maltrecha, sin cápsula ni aguja y con mucho polvo por no uso. Fue adquirida con la única finalidad de "rayar discos" o hacer scratch en un intento de banda musical por allá por el año 2000.

Lo del secreto anhelo se cuadraba casi por completo con lo que siempre he sentido, que la música no es sólo algo que suena en la radio, es una compañía amiga, que va armando la banda sonora de tu vida, la que va coloreando las cosas buenas y malas que transcurren en el intertanto.

Recuerdo haber tenido un par de discos, pero ni sabía en que lugar estaban ni menos podría saber el estado en que se encontraban ya que el "uso" al que habían estado sometido había sido muy agresivo, por decir lo menos.

Me encontré entonces ante a un renacimiento, un momento en el cual comenzaría a adquirir mis propios discos, no para regalar, no para otros, sino para mi.

La tarea que comenzaba no sería nada fácil, ya sea por el alto costo que involucra o por la dificultad de encontrar objetos tan preciados pero escasos. En la ciudad donde vivo, no abundan las disquerías, con el tema de la piratería ya ni en el centro comercial más grande quedan de esas tiendas, pero favorablemente. Ya sea por moda o por la horda de hipsters que pululan en la sociedad han aparecido unos pocos sucuchos donde comprar aquellos discos de resina, internet también ayuda un poco, pero no tanto como se quisiera ya que el costo de envío aleja un poco la posibilidad de quedar en banca rota.

No demoré mucho en comprar los primeros, fue un par que estaba en oferta, como casi todo lo que compro (la paciencia es la madre de todas las ciencias), los recuerdo muy bien, no eran ni los últimos del año ni del artista, eran discos ya bastante viejos pero que de alguna manera marcaron algún capítulo de mi vida, una pequeña parte de esa banda sonora.

"Green" de R.E.M. (1988) y "Homework" (1997) de Daft Punk, bastante ecléctica la primera compra. El primero, que en realidad no era verde sino amarillo calmaba las ansias de rock, del relajado, tremendo disco que ya había escuchado muchas veces pero en el frío formato de MP3 y el segundo que alguna vez tuve en el ingrato formato de CD y que había "tocado" incontables veces en un fugaz pasado de DJ.

Es precisamente en el tema del formato del disco en que me detengo, me di cuenta que aquel ceremonial propio del disco de vinilo era el que me estaba atrapando, ya no era tan simple como buscar el Torrent del disco o abrir Spotify. Ya requería de más trabajo, de darse el gusto de sacar cuidadosamente el estuche de papel donde venían aquellas melodías, de poner con gran delicadeza el disco sobre el mat, de buscar con ojo de halcón el comienzo de los surcos y bajar con movimientos de cirujano la aguja para no dañarla y ver como con cada  vuelta venían casi como susurros los primeros acordes. Fue maravilloso, todo ese trabajo me dio una voluntaria obligación de escuchar con cuidado todo el disco, no tenía sentido haber puesto tanta dedicación para no prestar atención completa a lo que ya estaba girando, a lo más un buen libro podría haber compartido ese tiempo, pero todo aquello, toda esa ceremonia, era la que de alguna manera te transportaba lejos en el tiempo o en el espacio, te hacía rememorar los momentos en que sonaba en la radio y como no te alcanzaba para comprar el original pero si para una cinta, te veías obligado a apretar el botón REC ⬤ de tu equipo musical. Fue un viaje en el tiempo, fue regalarse tiempo, tiempo de calidad en el que aparte de apreciar lo escuchado te podías dar el lujo de apreciar el arte gráfico plasmado en la tapa, contratapa o incluso en algunos agregados que de seguro ponen para justificar aún más la alta inversión que depara la tarea de coleccionar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Coquimbo, Uruguay

Las fotos que roban el alma

Museo para Coquimbo